

Viento frío era y será, el primero de los Vientos en soplar entre los Picos de Kaalakiota y el único al que le gustan las cosas que crecen fuertes. Él vio a los hombres Raata llegar e hizo volar su bienvenida entre los árboles kresh.
Él preguntó a "viento del oeste" sobre estos hombres y "viento del oeste" le contó historias de fuego, sangre y incendios. Pero los hombres Raata respetaron los bosques, las piedras y el agua, y Viento Frío se sintió feliz de compartir sus historias con ellos.
Él sopló por muchos otoños entre los Raata. Sopló por muchos otoños. hasta que Deteaas lo oyera e hiciera una flauta con bambú, y K’vire lo oyó e hizo un arpa con su arco, y ellos enseñaron a otros hombres a escuchar.
Viento frío les enseño que lunas traen nieves y lluvias, el tiempo de los árboles y la caza, y que hierbas son buenas para comer. Los Raata escucharon y aprendieron, y la sabiduría de las historias les hizo crecer fuertes.
Otros hombres llegaron, esta vez del Oeste, y Viento Frío otra vez se sintió feliz. Aún así estos otros hombres trajeron el fuego del que le habló "viento del oeste" y la sangre y los incendios. Estos rasgaron piedras para construir paredes y árboles para hacer lanzas. Mataron a todo aquel que era diferente, y reclamaron todas las tierras.
K’vire era rápido y fuerte. Viento frío le enseñó las palabras que hacían el arco más fuerte y la flecha mas certera. Él le enseñó a moverse sin hacer ruido o dejar rastro alguno, y a encontrar los caminos ocultos.
Deteaas era tranquilo y profundo. Viento frió le enseñó las palabras que cantan las historias de héroes caídos en la batalla e inculcan el fuego en el corazón de los hombres. Él le enseñó cuando correr y cuando andar, cuando esperar y cuando golpear.
Sacado originalmente de la web eve-online.com y traducido por Khonix
Las lanzas de los hombres del Oeste sólo podian encontrar las sombras que desaparecían antes de que pudieran conseguir herirlas. Las flechas que aparecían de la nada tomaron primero a unos, después a otros y otros. El cielo siempre estaba cubierto de nubes oscuras; ellos podrían ver el sol y la estrellas pero nada más. Las órdenes que sus capitanes gritaron se perdían en el Viento ese día y la noche siguió gritando en sus oídos.
El miedo arrasaba el corazón de los hombres del Oeste. Algunos huyeron, entonces otros los siguieron, y finalmente huyeron los últimos.
Los hombres Raata se alegraron y celebraron su victoria, y cantaron alabanzas a su Viento Frío. Él rió y se rió, ya que los Vientos no necesitan ninguna alabanza de hombres, y dijo:
“Muchos son los hombres, y muchas son sus historias. Quienes tienen coraje como vosotros, viajan lejos de los Picos de Kaalakiota, viajan hacia otros hombres y otros Vientos. Haakkin k’len! Volved cuando hayáis recorrido todas las tierras, y cuando y cuando hayáis oído todas las Historias.”
K’vire era rápido y fuerte; sus ojos se llenaron con tierras distantes, él se lanzó al Norte.
Deteaas era tranquilo y profundo; sus sueños se llenaron de historias distantes, él anduvo al Este.
Ningún hombre era más fuerte que K’vire; al tiempo él se olvidó de andar y empezó a liderar, y las tribus del norte Fuukiuye lo siguieron. Nadie podia desafiar la sabiduría de Deteaas; pronto él se olvidó de escuchar y comenzó a hablar, y la gente de Oryioni del Este contestó su llamada. Al pasar tres generaciones, diecisiete casas de Fuukiuye volvieron del Sur, y veintitrés casas de Oryioni volvieron del Oeste.
Estos se encontraron el uno al otro bajo los Picos de Kaalakiota. El tiempo había diluido su memoria; ellos vieron que las caras de los otros eran diferentes, diferentes símbolos de casas. Cada uno reclamaba esos bosques y aguas como herederos verdaderos.
Y ambos rechazaron marcharse.
En la primera alba fría de otoño dos ejércitos estuvieron de pie cara a cara, un flechazo aparte. La nieve ligera hizo el silencio grueso. Los hombres miraron fijamente a los hombres. Un águila lloró, y dos ejércitos gritaron en la rabia y chocaron.
Los Vientos vieron la batalla y susurraron a los hombres que parasen."Viento del oeste" levantó la nieve caída tratando de esconder un ejército del otro, pero los hombres eran ya ciegos con su cólera y la niebla no los pararía. "Viento de la montaña" introdujo el frió de los Picos altos en el corazón de la pelea, mas la furia hervía en cada vena y el frío no la acallaría.
Un tercio de los hombres cayó, entonces otro tercio. Cuando sólo un quinto todavía estaba en pie, Viento Frío sintió su dolor quemarse en la furia como él no había sentido antes.
“¡Parad esto ahora!” Rugió el.
El arrojo ventisca y hielo hasta que ninguna mano pudiese sostener un arma; hasta que el amigo y el enemigo se amontonaran, buscando la protección de su rabia. Sopló hasta que nadie pudiera estar de pie, hasta que cada hombre todavía vivo fuera abandonado aferrándose desesperadamente al último hilo de calor.
"Viento del oeste" levantó la niebla. “Perdona a estos hombres” dijo el “ellos eran ciegos, pero ahora ellos verán”. El Viento tormentoso destapó el cielo. ”Ahorra sus vidas” dijo el “ya has extinguido su cólera”.
Viento frío dejo su furia desaparecer y libero su apretón, y los hombres pudieron sentir sus miembros otra vez.
“Miraros el uno al otro” él les dijo.”Cómo diferenciais a un hombre del otro” “Cómo sabéis a que hombre matar”
Los hombres lucharon para levantarse y miraron sus armaduras; los símbolos de sus Casas estaban rasgados y rotos, no eran visibles.
“No hay dos hombres con la misma cara sobre este campo, pero decidme, ¿podéis diferenciaros?”
Los hombres se miraron fijamente el uno al otro tratando de distinguir a hermanos de enemigos, mas la sangre que cubría sus caras hizo de todos ellos semejantes.
Viento frío susurro:”Recordad esto. Confiad en vuetros ojos, y os matareis los unos a los otros. Confiad en vuestras venas, y podréis iros a casa todos en paz.”
Las diecisiete y veintitrés casas se hicieron cuarenta. K’vire y Deteaas se juntaron en los Raata otra vez